- La especialista en literatura femenina aborda algunos puntos de esta, cómo se ha venido desarrollando, los temas preferidos de algunas novelistas y la autocensura de ellas al tocar algunos pasajes, todo por el miedo a que las llamen mujeres indecentes
Nydia Palacios Vivas es una lectora voraz de la literatura escrita por mujeres, crítica vigorosa que reconoce aspectos positivos en la creación de las novelistas nicaragüenses. Es quizás la única que ha hecho énfasis en el estudio académico de lo que publican las mujeres, especialmente las narradoras.
La especialista en literatura y feminista comenta acerca del quehacer de las escritoras, la manera en que abordan sus historias y el porqué ellas se autocensuran.
¿Cómo inicia su interés en la literatura escrita por mujeres?
Cuando estudiaba en la UNAN, sólo a cuatro poetisas conocíamos en aquella época: Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Delmira Agustini y Juana de Ibargoyen. Graduada y siendo profesora de la UNAN, vi en una librería la carátula de un libro con un niño obeso con el título Aquel Mar sin Fondo ni Playa. Era de Rosario Aguilar y así fue mi encuentro con la literatura nicaragüense escrita por mujeres. Cuando voy leyendo aquella prosa, me sobrecoge y me emociona y veo una perspectiva tan diferente que no tenía nada de aquellas novelas rosa, con finales felices. Me llamó la atención la sicología que utilizaba para penetrar en los personajes femeninos y así comencé a leer su narrativa como Quince Barrotes de Izquierda a Derecha.
¿Qué ha encontrado en la literatura escrita por mujeres que no tiene la de los hombres?
Lo que pasa es que se escribe desde una perspectiva interior de la mujer, vos sabés que las experiencias femenina y masculina son diferentes y ellas, por lo menos en Rosario Aguilar, hay una protagonista femenina y hay una voz de mujer y a mí me fascina su voz que es actual como en Quince Barrotes de Izquierda a Derecha, los temas que aborda como el machismo, incesto y la violencia familiar que son temas actuales.
¿Cómo se ha visto a los personajes femeninos antes de este boom de mujeres narradoras con temas modernos?
Como malvadas y mujeres sumisas, los famosos estereotipos de siempre pero éstos, en realidad, hablan desde una perspectiva masculina poniéndolas en el hogar como hechiceras, brujas y madrastras malas; como en los cuentos de hadas, dentro de un mosaico machista, con los modelos escritos por hombres sin ninguna perspectiva feminista bajo un modelo masculino impuesto de prostituta o santa.
¿La narrativa contemporánea que se escribe, aboga por la defensa del género femenino?
Sí. Por ejemplo, en Nicaragua, desde Primavera Sonámbula, de Rosario Aguilar me doy cuenta de lo que abiertamente ahora se habla de la sensualidad de la mujer, sobre los pensamientos eróticos de la sonámbula, que ella siente el perfume del hombre y que se lamenta de estar sola y se ve en esta novela una corriente de querer introducir a elementos eróticos aunque ella muy sutilmente lo hace ver. Ahora hay un caudal de escritoras que tratan el tema sin ninguna pena como La Izquierda Erótica en poesía de Ana María Rodas y otras de Centroamérica.
Escritores se resisten a reconocer que existe una literatura feminista e, incluso, mujeres lo niegan, ¿a qué cree que se debe?
Creo que es para distanciarse del genero masculino y para hacer presencia y abrirse espacios. He leído escritoras excelente como Ana Cristina Perri Rossi, que escribe sus cuentos desde una perspectiva que no se sabe si es mujer u hombre.
Las mujeres quieren distanciarse de la literatura de los hombres y buscar temas donde ellas sean las protagonistas y elaborar una novela univocal donde la voz femenina es la que impera. He visto en las narradoras actuales que el erotismo y la política son las dos bases actuales de su obra porque ellas ya se ganaron el derecho con la Revolución Nicaragüense y toman los temas políticos y es alrededor de ellos que pueden hacer una historia de amor y eso se nota en Siete Relatos Sobre el Amor y la Guerra, de Rosario Aguilar, ahí hay diversas voces de mujeres.
No hay una literatura masculina ni femenina, no lo creo, primero porque hay otras en las que no se define el género; sin embargo, veo que hay escritoras que hacen énfasis en el placer de su cuerpo, que no es la misma que la de los hombres y eso lo veo claramente en Gioconda Belli. También si lees las novelas de Gloria Elena Espinosa de Tercero, ahí también aparece sobre todo en El Sueño del Ángel, en una descripción preciosa con influencia de Rubén Darío de una escena erótica con la hija de Lucrecia que es la protagonista que muere.
¿Existe o no una literatura femenina?
Lo que se debe hacer es una lucha contra el canon que se nos ha heredado y eso lo vamos a hacer a base de la lectura; de usar los intertextos de una manera adecuada. Judy Featherly dice que como maestras y como mujeres, tanto en el hogar y la escuela, debemos de luchar contra esos patrones machistas porque hemos entronizado en modelos androcéntricos.
¿El término literatura feminista ha sido criticado porque sólo se habla de sexo?
Sí, porque algunas que escriben bajo esa ala, escriben sobre lesbianismo. No tengo un criterio en contra de mujeres lesbianas, eso es algo personal que como críticas y escritoras no puedo ver como negativo. Lo que pasa es que el término de esta literatura se ha encasillado y la palabra feminista se ha vuelto hasta peyorativa.
¿Usted es feminista?
Sí, desde el mismo momento en que defiendo los derechos de las mujeres y creo que se puede luchar junto al hombre y ocupar cualquier puesto con eficiencia, sabemos administrar y llevar muy bien las riendas de un hogar. La madre es la que está todo el tiempo pendiente de la educación de los hijos y del hogar, ella es la que lleva el control del hogar y de los hijos y después les toca a las maestras.
El otro punto es que en el pasado la mujer no tenía lugar a prepararse, en el caso de mi madre, a quien le debo lo que yo soy, y al maestro Fidel Coloma González. Ahora hay mujeres valiosas en todos los campos profesionales.
Como analista ¿qué cree que le falta a la narrativa de las mujeres nicaragüenses?
Hay buenas narradoras. He leído muchas de sus novelas y aún que no me da tiempo de escribir sobre todas. Las escritoras necesitan no tener miedo a la crítica ni a la censura. La libertad de expresarse es lo que se logró con la Revolución Francesa, la libertad de pensamiento. Las escritoras se autocensuran y piensan qué van a decir de lo que escribo; cómo van a enfrentarse a esta novela, van a decir que soy indecente, porque cuando Gioconda Belli publicó Sobre La Grama, los hombres decían sobre la cama, hay esa tendencia de cuando escribe una mujer se dice que no es una mujer decente y se le empieza a criticar negativamente, claro, por envidia y machismo.
Por miedo las mujeres se autocensuran, que es lo peor, felicito a varias que han roto eso, están en todo su derecho. Una de las escritoras que más admiro es María Luisa Bombay, Teresa de la Parra, Silvina Ocampo, las mujeres argentinas que han fundado revistas, que han luchado por los derechos del niño, el divorcio, la igualdad en el trabajo y Rosario Ferrer, que ha sido muy criticada en la forma que escribe, excelente narradora y no se autocensura.
Usted me decía que las mujeres abordan temas tradicionales. ¿Es esa una de las razones del porqué sus libros no pegan?
Sí. La mujeres deben de escribir sobre otros tópicos, no sólo de la interioridad de ellas, cualquiera que sea de su agrado, novedoso que no se encasillen en una misma temática. También la buena lectura es el comienzo de una buena literatura, nadie puede decir que no tiene influencia un escritor de otro; mentira, la originalidad no existe, lo que hay que hacer es leer buena literatura para mejorar la prosa.
En breve
Nació en Masaya (1939). Obtuvo su Licenciatura en Ciencias de la Educación (U.N.A.N. 1972) con mención en la especialidad de Español, como graduada de honor. Ha ejercido la docencia desde 1957 en los niveles de primaria, secundaria y universidad. Su monografía de licenciatura llevó por título Técnica Narrativa en Sergio Ramírez. Ha obtenido varias becas de postgrado. En 1975 estudió Literatura Española del Siglo XX mediante una beca del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica. En 1986 y 1988 obtuvo dos becas Fulbright que le permitieron realizar una investigación en Puerto Rico, La Biblioteca del Congreso y en Austin, Texas para escribir su primer libro Antología de la Novela Nicaragüense (1989) y luego estudiar su Master y su Doctorado en Literatura latinoamericana en la Universidad de Tulane. Enseñó Español e Introducción a la Literatura Latinoamericana en la misma universidad y diversos cursos de gramática en Loyola University, New Orleans, Louisiana (1993-1996).
A su regreso a Nicaragua fue contratada por la Universidad Ave María College, San Marcos, donde labora desde 1996.
Ha publicado dos libros: Voces Femeninas en la Narrativa de Rosario Aguilar y Estudios de Literatura Hispanoamericana y Nicaragüense en 2000.
Es miembro desde los años sesenta de la Comedia Nacional de Nicaragua. Trabajó como actriz dirigida por Socorro Bonilla Castellón. Palacios también fundó varios grupos de teatro en institutos de enseñanza media y Colegio Americano Nicaragüense.
Ha publicado numerosos artículos en revistas de Estados Unidos, Revista Iberoamericana de la Universidad de Pittsburgh, Colegio de México, Alba de América (California), Costa Rica y ha presentado conferencias sobre la escritura de las mujeres nicaragüenses en universidades nicaragüenses y, en especial, en las universidades de Buenos Aires, Bahía Blanca, Santiago de Chile y Puerto Rico.
Ha participado en los simposios sobre Rubén Darío y, sobre todo, ha divulgado a las escritoras nicaragüenses, pues estudió Women Studies, una de sus especialidades.
Entre sus reconocimientos, es miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua, Maestra Dariana, Ciudadana Notable del siglo de su ciudad natal, Masaya, Ciudadana Ilustre, la medalla Rafaela Contreras y diversos diplomas de los escritores de Chile, de la Asociación Nicaragüense de Escritores, de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, del Instituto Nicaragüense de Cultura, etc.
Actualmente tiene a su cargo la sección de Ensayo en la revista de mujeres nicaragüenses A.N.I.D.E y en marzo de 2006, fue electa por unanimidad, Primera mujer presidenta del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica.